El Sol se acostó en el mar
extendiendo sus sábanas de espuma
desde entonces y hasta ahora
mi alma estuvo en vela y en penumbras,
luego despertó el día
y la melancolía no pude despegar,
me acompañó toda la noche
como velando mi sueño,
las horas fueron pasando como en un atochamiento
la pena arrancaba en un carro,
luego seguía con paso lento
como buscando en mi almohada
un atisbo, un consuelo.
El desaliento cierra mis párpados
la esperanza los va abriendo
hasta tu silueta se hace visible
entrando a mi cuarto estrecho.
Es tan lúgubre mi noche
como fantasma vas apareciendo.
¿Quién me notará triste?
¿Quién sabrá que no eres mi dueño?
¿Quién sabrá que el amor satisfecho
me lo quitaste en el silencio?
Mientras viajaba por nubes
se me borró todo, allí quedé estirada
sin suspiros sin aliento
mi dicha arrebatada por un monólogo estúpido
y yo tan feliz estaba y no eran míos tus besos
sólo eran mías las lágrimas que derramé en el lecho
se vuelve a repetir la historia,
se vuelve a diluir un sueño.
las estrellas como testigos
desparramadas por el cielo
con las que escribía tu nombre
y te pensaba en el silencio
en esa bóveda gigante, el escenario perfecto
fantástico, allí te amaba y te enviaba mis besos.
Hoy el ímpetu de salir escapando
pensando que todo fue ajeno.
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